Falsa noticia

¿Dónde? Decía aquel señor que quería evidencias físicas de la contaminación. Dónde porque yo no lo veo. Y yo no dejo de preguntarme por la cuestión catalana. El coronavirus covid-19 ha demostrado que hay cosas que superan el sexo, la edad, el color de piel, la orientación sexual, el poder monetario e, incluso, la ideología. Eso por más que algunos insensatos se atrevan a cuestionarlo. Menos mal que no han inventado un España nos contagia. Dudo que no haya estado entre las posibilidades de los estrategas propagandísticos. Algo parecido intentó Torra en la BBC. Parece que le salió rana. Menos mal. De todas formas, Madrid será la tumba del gobierno progresista. Qué mala suerte que el primero tras la II República haya coincidido con la crisis del coronavirus. ¡Fíjate! Esto podría ser un gran eslogan de falsa noticia ―las fake news no tienen titulares―. Sin embargo, que el virus ha sido creado para ahorrarnos la paga de una población envejecida, sí que nos lo tragamos. Venga, que aquí hemos ido todos a la escuela. El problema está en nuestra ideología. Parece que al final no estamos tan unidos como los balcones nos han hecho pensar. También lo dice el Center for Social Media and Politics de la Universidad de New York. Da igual cuanto mayor sea nuestra educación, que nuestra ideología decidirá su digestión. Malditas emociones. Me ha pasado esta misma mañana. En un intervalo de dos horas, he recibido dos mensajes de la misma persona. 

– ¿Qué vamos a esperar de los Chinos? Compras algo y a los dos días lo tienes roto. 

– Vaya tela, de mal en peor, ¿acertará en algo Sánchez?

Que los test chinos estaban defectuosos conectaba directamente con nuestro rechazo a sus productos low cost. Que España había comprado esos test a una empresa sin licencia conectaba directamente con la mala gestión de los del coletas. Quizás no fue buena idea abandonar la chaqueta de pana. ¿Qué habría pasado si hubiesen rechazado esa primera tanda de test? ¿Por qué China deja comercializar material sanitario sin licencia? Sí, Madrid será la tumba del progresismo. “A por ellos”, he podido incluso leer. ¿Esto no se trataba de ir a por uno? ¿El virus? Se sigue sin abandonar la idea partidista y aceptar que nadie ―pocos, voy a dejar la puerta abierta― hubiera actuado de otra forma. La oposición respira aliviada de que el marrón no le ha tocado blanquearlo a ellos. Si no, que le pregunten a Budó. “No nos dejan actuar”, dice. Actúen, si es que pueden. Mientras, por otro lado, reprochan no haberles prohibido un mitin o posponer una manifestación feminista. No, amigos. España es así. Para la bueno y para lo malo. Culturalmente ama salir, añora la fiesta, desespera por la socialización y prácticamente se lo toma todo a pitorreo. No hubiéramos dejado de salir si no le hubiésemos visto los colmillos al lobo. Ni siquiera lo hicimos al oírlo aullar. Incluso viajamos a Liverpool porque éramos colchoneros y no nos daba miedo nada. Aquí, la hemos cagado todos por escepticistas. Solo nos queda que nuestro pasado sea un aprendizaje y no una prisión. Por cierto, ¿leíste esa noticia que decía que China intentó ocultar la propagación del coronavirus? No, tampoco lo hizo bien.