¡Calla!

Mi prima solía llorar porque quería tener un pito. Un pito de los de verdad. Nada de esas trompetillas de la feria o la de los vendedores ambulantes durante la Semana Santa. Un pito como el de su padre o sus primos. Cuanto más grande, mejor. Ahora, el antojo de colgarlo se le ha esfumado, pero sigue creyendo en el argumento de la longitud. El tamaño importa. Incluso a mí estuvieron a punto de rechazarme por no cumplir la norma del metrocochenta. En concreto, a ocho centímetros. Siempre lo he ido solventando con el comodín del gracioso por más que muchos se empeñen en aconsejarme que deje lo del intento de comedia. El caso es que a los ingleses sí que no les importa. En Londres, no se usa el claxon. Ya puedes cruzarte con un taxista por mitad de la calle que lo más que te dedicará será una mirada de perro hambriento. De los que mataría por comer. Aunque no necesitan bozal. Tampoco mascarilla. Y no son ni perros falderos ni rastreros. Más bien labradores. Eso, o que lo único que entendí fue cuando decían sorry o excuse me. Sonreír no está entre sus habilidades más destacadas. Eso ya lo había descrito Julio Camba en su función antropológica. Decía que en Londres uno puede despertarse de buen humor si tiene dinero en el bolsillo. En una caña a ocho euros se sustenta el civismo. Barcelona mola si la bolsa sona, decía mi primo en su adaptación catalana. Una lástima que los ingleses sean poco habladores. Todo lo hacen a la chita callando. Si no fuese por la lluvia juraría haber estado en Granada. Así normal que uno no se entere. Aunque para lo que hay que hablar, calladitos estamos más guapos. Que por la lengua se escapan muchas cosas. Moléculas de coronavirus, por ejemplo. Fíjate que en España somos más del zorro. El médico que intentó robar 300 mascarillas de un hospital de Málaga y los que estafan yendo a domicilio con ánimo de practicar un falso diagnóstico del covid-19. Ahora, el diputado de Vox Javier Ortega Smith también está infectado después de un viaje a Milán. Mira que tiene dicho que los inmigrantes son los principales portadores de enfermedades. Pues nada. Por un oído le entra y por otro le sale. Aunque el codo está siendo el más beneficiado. Se revaloriza su uso en el estornudo y el saludo. Confío en que no lo confundáis con el culo. Ah, y para hablar: un metro de distancia. De todas formas hay cosas que no se pueden decir. Mi suegra hace mejor la ensaladilla rusa que mi madre. Guardadme el secreto.