Oh, mi capitán, mi capitán

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Decía Walt Whitman que, por El Capitán, volvían con el premio que habían buscado. Ahora, el capitán se ha quedado sin abordaje. Claro que los cañones los llevaban los otros. Y es que hay que gastar cuidado con las imitaciones y los retos. Por lo de meterte con los de tu tamaño. Que no eran horas ni hacia buena orilla. Ni por la marejada, donde en mar revuelto ganancia de voxeadores, ni por la temperatura. En algunos caliente y en otros helada. Porque a los españoles les pone cachondos el militarismo. Pan para los españoles y hambre para mañana. Menos mal que estaremos muchísimo más seguros. Yo ya miraba hacia atrás por la calle. Porque la gente aún no recoge su caca del perro. Y las piso. Me miro el tobillo y el que me cago soy yo. En todo. Como lo hizo Rivera con su cordón sanitario. Que de no ceder, entró en la UCI para para acabar helado. Eso por calentarse la boca. Que tiene mérito con apariencia sobria. Pero en España es que no suele haber otoño y el capricho del capitán se ha cobrado la primera víctima. Paradójicamente el que más le gustaba virar. El capitán mandó recoger las velas e hincar el ancla —la espada era para otros—. Claro, no se movió del sitio. Y de volverse a repetir las elecciones podría caer como El Capitán. Sonando el clarín y ondeando la enseña. Con más espina que rosas. Como una momia, frío y caído. En política, claro. Ahora, que las bases tanto le han escuchado, se hace el loco con su tripulación. ¡Con Casado, no! Será más por los azules que por los rojjillos, que no ven lo del arcoíris con los rojos e independentistas. Yo estuve a punto de botar por la borda y no ir a votar, pero me creí lo de la abstención. De nuevo sin autocrítica. Parece que un equipo gana o pierde un partido por la menor o mayor afluencia al estadio. Cuando la pasión del aficionado suele guardar relación con la calidad del espectáculo. El espectáculo es indudable; la calidad, inexplicable. Veremos si en las nuevos capítulos mejora la actuación. El capitán optó por no mirar a los ojos en los debates. Será por lo de las pesadillas. A mí, me dejaron Redondo. Que no supo de lo que iba. Menos mal que su capitán tiene un nuevo colchón. No el de los escaños. Ese ese cada vez es más caro. Oh, mi capitán, mi capitán. ¿Y ahora, qué?