Luz artificial

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Qué ingenuos nuestros antepasados. Hace cuatrocientos años, pensaban que el individuo acababa ahí. Un átomo en la sociedad y ya está. Con lo bien que vivimos ahora. Que cada uno tiene un mandado. Tú haces esto y tú, lo otro. Y ya está. De puertas pa’ dentro, mío. Para fuera, si puedo, también. Y eso tiene un mandao, que viene a ser perteneciente o relativo a tu padre y madre. Peculiar. Átomos de átomos. Qué cansino eso de que somos un animal sociable con lo divisibles que somos los indivisibles. Y qué catetos esos que se abren la camisa en el huerto, mientras podrían haber urbanizado un campo de golf. Porque el agua embotellada está mucho mejor. Y tomates… ¿para qué? Ya enseñó Jesús que el agua es como el vino. Cuanto más lejos y más tiempo guardada, mejor sabe. A mí, me encanta la del manantial de Lanjarón (Granada) que es embotellada en Barcelona. Otra no, porque su vuelta al sur es envidiable. Como que me digan los buenos días por la mañana a través de un aparato con luz y sonido propio. Pronto, se nos desarrollarán los pulgares para manejarlos mejor. Más cerca está lo de que hablarán por nosotros. En el cogote, ya nos está saliendo un cuerno para equilibrar el peso de nuestra cabeza. Claro que agachada no tendremos que mirar a los ojos a nadie más. A mí es que ya ni me gusta. El pan lo pido a domicilio. Abro y miro hacia abajo. Ahí está la bolsa. El plástico es lo de menos. Ya han inventado píldoras que inhiben la función de mis espermatozoides. Que también te digo… ¿para qué? Si ni salgo ni entro. El aparato es mi única compañía. Y con esto tengo. En concreto, mil doscientos setenta y ocho seguidores en Twitter y casi cinco mil en Instagram. Me encanta estar conectado. Incluso mis amigos se preocupan si no comparto mi comida diaria. Es lo que tienen las redes sociales. Puedo conocer lo que sucede en el mundo sin pisarlo. De hecho, tumbado en el sofá admiro como Donald Trump está dinamizando la economía estadounidense y, de paso, comparto un mensaje de apoyo a los incendios del Amazonia. ¿Cómo se organizan esas tribus sin tecnología? Lo mejor es que se muden a la ciudad, donde últimamente hasta puedes votar más de una vez cada cuatro años. Mejor así, porque con tanta noticia en mi Facebook cambio constantemente de opinión. Si no fuera por mi aparato inteligente sería un ignorante. Menos mal también que puedes elegir a quién seguir… qué pelmazo algunos discursos. Yo prefiero los que me hacen llorar o gritar. Que se me acelere el corazón, que en mi cerebro solo habite la amígdala, que chorree adrenalina. Pero qué exagerados algunos mediatizando la emergencia. La única catástrofe es que se ha ido la luz y mi aparato no tiene batería. Aunque por fin tranquilo. La hambruna está a una distancia psicológicamente segura para que me afecte. La televisión también va con electricidad. Un momento, han tocado a mi puerta. Será la cena, no conozco a mis vecinos. ¿Qué alumbra la luz? 

Siempre hay nuevos símbolos de distinción en oferta que prometen llevarnos hasta nuestro objetivo y convencer a todo el que se encuentre con nosotros por la calle o visite nuestro hogar que, en realidad, ya lo hemos alcanzado, pero estas nuevas marcas invalidan aquellas otras que prometían conseguir lo mismo apenas un mes o un día antes. En la caza de la individualidad, no hay momento para un respiro.

Zygmunt Bauman, Vida Líquida: Austral.