Incontinencia

No sé cuándo llegó el nacionalismo a Jaén. A mis oídos, con una cerveza en la mano. En la mía y en la de mi interlocutor. Y como no eran las primeras, el jienense pecó de incontinencia verbal. Ni mucho menos me insultó ―lo de tener todo el día la polla en la boca es granadino― sino que se puso a darme una lección político-geográfica. Al parecer, lo de los olivos y lo de ser pioneros en lo del parking-tranvía no son los únicos motivos de orgullo. En contra de lo que digan los almerienses, el Guadalquivir nace en Jaén. Y ante cualquier almeriense que se atreva a decirme lo contrario, me instó a repetirle eso que tanto le gusta a Daniel Lacalle: mentira, eso es mentira. Con suerte, me pude volver hacia la camarera cuando el de Jaén volvió a tener incontinencia. Mi primo dice que la cerveza hay que saber mearla, pero en este caso era incontinencia por la nicotina. Que ahora lo de ser incontinente se puede utilizar con todo. Los titulares dijeron que Diego Costa también pecó de incontinencia. De la verbal, que está en la edad. Por lo visto, se va rápido de la boca. Mi tía hace café de aviador. Que te vas tan rápido que vas volando. El de Jaén, de momento, se tiene que ir en coche. Un dominguero en verano y un juevesantero en primavera. Y vaya faena que una vez más viene lloviendo. La incontinencia del cielo. De lo que tengo mis dudas es de la continencia rampa de la catedral que ha colocado el Lobby de Molina Lario Street. Habrá emoción. Como en los ojos del de Jaén, que decía que cuando se pone cachondo se le dilatan las pupilas. Menos mal que no mostró signos de incontinencia sexual. De esa de la que sí han pecado muchos de los que aconsejan no pecar. Antes, a pecar se iba a la última fila del cine. La fila de los mancos, me dijo un guardia civil retirado que aún conserva el bigote. Menos su hermana, porque de joven era una “talibana”, pero ahora tolera lo de que su hija y el novio compartan sábanas bajo su techo. Él me invitó a una caña y yo hice lo pertinente con su copa de vino. Luego compartimos el delito de conducir tras esa ingesta. Incontinencia racional. Lo que tampoco me cabe en la cabeza es la incontinencia de los periodistas ante las cloacas del estado. Toda la vida soñando con un Watergate y ahora se cagan. Aunque claro, para eso están las cloacas. Para cagarla, como ha hecho el Ajuntamiento de Málaga. No iban a ser menos.