No a la guerra

El pacto a la andaluza está más cerca. Más allá de que las encuestas no den aún la mayoría a la que llaman centro derecha, la jerga sureña ya ha superado Despeñaperros. Con todo pronóstico, será la primera vez en la democracia española en el que un partido de ultraderecha obtiene escaños en el congreso. No podía faltar las sevillanas. De español a español: mírala cara a cara que es la primera. A mí no me dices eso aguantándome la mirada, le dijo José María. Y Santiago parece que le tiene poco miedo, le devolvió el gancho con un nos vemos en las urnas, que venía a ser el recurrente nos vemos en la calle. Guerra de abdominales. Volvió el hooliganismo. Me es inevitable observar que a la gente le pone cachonda el militarismo y, por ende, también el hooliganismo. Por aquello de reprimir. El problema emerge cuando la guerra que inician los de arriba acaba matando a los de abajo. Carles, en Bélgica;  Napoleón, en la retaguardia, y José María, en las Azores. Y la duda aparece cuando la batalla oratoria de la política se transforma en una rencilla de patio de colegio. Que imagino que será un entrenamiento. Por eso del alto porcentaje de los que acaban en el patio de la cárcel. De pelear para ver quién se lleva más bocadillos, a competir por la ignorancia de su digestión. Lo que sigo sin entender es el porqué del alto porcentaje de votantes de derechas en España. Con lo que aquí gusta conducir por la izquierda. A lo sumo, por el centro. Es ahí cuando de nuevo aparece el hooliganismo, cuando el destino hace que tú sepas conducir y tu compañero de calzada no. A José María ya le salió mal una guerra. Por más que se manifestó la negatividad a la misma. No a la guerra también era la condición para participar en los antiguos Juegos Olímpicos de Grecia. La famosa tregua. Ahora, a la primera de cambio, se pita, se insulta y, si se puede, se humilla. La última víctima ha sido Adrián Pedrosa, jugador del RCD Espanyol, que por ir a pedirle la camiseta al mejor jugador del mundo parece que ha traicionado a su equipo. Sentimientos frente a la razón. Hooliganismo. Probablemente, entrenar una hora más al día será una mejor solución que intentar quemar en la hoguera a Messi. Más que nada porque el mensaje que se transmite es el de quemar en el patio del colegio a quien lleva su camiseta. Luego, paz en Siria. Empecemos por lo local. El odio no conduce más que a discursos aguachirles. Café cargado, pero aguado. Que sienta fenomenal, pero se digiere fatal. Fugaz y destructivo.