Motero

En los pueblos se dice hola. Se dice hola porque aún la generación premillennial no ha adquirido un teléfono inteligente. De no ser así, ya habría bajado la suya. La inteligencia de saludar. Que eso de cruzarse por la calle y no mirarse a la cara está feo. Aunque más esperpéntico es mirar y no saludar. O volver al móvil. Porque lo de volver al móvil se ha convertido en la cobra del siglo XXI. Uy, ahí viene Menganito, a ver qué dice Perenganito en Twitter. Pues no te vi, tío. Me estaban llamando. En la ciudad, sí es lícito. Y más cuando te aborda un relaciones públicas. Cuando en uso pleno de la inteligencia y en nulo de las virtudes esbozas un no puedo en lenguaje de signos ―qué bien lo hacía Pareja―. No es no, terminas por hablar. Eso sí que es un cordón sanitario y no lo que hacen estos. Que no hacen más que permitir que se extienda la epidemia. Cordón sanitario mis cojones, diría el Cholo ―que no es de pueblo (Buenos Aires, 1970)―. Cordón sanitario para los que aún siguen resfriados, diría yo, que ya me he curado. Por fin. Que al fin y al cabo los términos son cuestión de perspectiva. Mi abuelo no vio que cuando le preguntaron por José Francisco Ruiz preguntaban por su hijo. Claro, es que a mi tío siempre le hemos llamado Pepe. Pepe Teodoro. Hola, busco a Pepe Teodoro. Esa era la fórmula, pero el forastero falló. E incluso falla el autóctono. Porque Teodoro era el nombre propio de mi bisabuelo. El que emprendió. No porque los Teodoros seamos mechacortos ―de nervios, de lo otro no sé―, sino por la moda esa nueva de emprender. Emprendió la panadería y prendió nuestros nombres. Luego, fuimos todos Teodoros. Ya os podéis imaginar el enfado de las madres… Yo me quedé con lo de Teodorillo. Pero hubiese sido peor. Tuve un amigo que era Juansito. Hijo de Juanillo y nieto de Juan. Y es que en los pueblos hubiese funcionado la profesión de motero. La de poner motes. Así no habría duda para los forasteros. He aquí la oficina del motero, coja su flyers con la relación de nombres, teléfonos y direcciones. Las páginas amarillas de los motes. Que también requiere de continua actualización. Antes, Pedro Sánchez era El Breve. Ahora, El Brave. Aunque él sigue prefiriendo lo de el guapo. Los del falso diccionario siguen prefiriendo la desacertada etiqueta de feminazis para obviar el único mote posible para ellas: demócratas. Pero siempre hay motes desafortunados. En mi pueblo hay un Peorreras, un Diablo, una Melona y hasta Borricas y Rabiosos. Y varios Folla, de los que también desconozco su mecha. Lo bueno es que todos dicen hola cuando pasan por la calle. Aunque no me sepa su nombre. Buenas gentes, diría mi abuelo. Francisco Ruiz.  

A la derecha, Francisco Ruiz (Paco Teodoro) paseando en traje y con varios amigos en Villanueva del Rosario (Fuente: http://murretanrrequerre.blogspot.com/)