Qué rica tu lengua

El castellano es rico y está riquísimo. De no ser así no diríamos digo ni Diego. Tampoco podía ser de otra manera: la picaresca es autóctona. Tan autóctona que el autor se lavó las manos. Háganlo ustedes también, que la gripe ya es epidemia. Yo siempre lo hago cuando me bajo del bus, que viene siendo la incubadora de episodios gripales. Primero, por los cambios de temperatura. No sé qué les pasa a los malagueños, que cuando bajan de los 20 suben la calefacción sobre los 30. Y segundo, por el manoseo a desconocidos. Una especie de orgía con antifaces —que no he tenido la oportunidad de conocer más allá de este símil—. No sabes por dónde te la van a meter. Con suerte, no contraerás. Y sin ella, al menos tendrás la posibilidad de aprender de las colas. La de la farmacia o el ambulatorio. Porque las colas son una especie de experimento sociológico. El termómetro del conflicto social. Aunque confieso que, a pesar de mi afición, ayer no hubiese estado cómodo coleando. Lo de tener prioridad cognitiva en salvar a los migrantes que cruzan el Mediterráneo, en leer la nueva entrega sobre la corrupción del PP o adentrarme en el best-seller sobre despilfarro del PSOE en Andalucía frente al mayor o menor episodio de sensibilidad que me pueda generar que se meen en un trapo de color rojo y amarillo —lo de rojo y gualda no está recogido en la amada Constitución— puede hacer que mi preocupación precisamente no sea la de un simple resfriado —sigo con la tosesilla, amigos—. Y es que en las colas, un intento improvisado de plató de televisión, también se practica el castellano. Nos habríamos ahorrado mucho debate si Sánchez hubiese pronunciado relator en inglés. Coffe cup en cheap Bristish sabemos que no suma puntos. Pero la connotación robótica del sonido “eitor” suele tener éxito. ¿Cuántas copias se hicieron de Penetreitor? Me salió el otro día en Twitter. Allí donde el PSOE sí que no practica el castellano: apagón informativo. Si bien a Rajoy le favorecía hablar de negros en patera —por lo de la caridad de la derecha— a Sánchez parece que le perjudica— por lo de que nos quitan el trabajo y esas cosas—. Así que con todo, por muy rico que sea el castellano, Sánchez prefiere no usarlo. Eso sí que es una táctica poco autóctona. Lo de no usar la lengua con algo rico. Porque estoy convencido que los españoles no somo racistas somos aporofóbicos:

— Illo, no veas el jeque der Málaga ha traío ar Zanti Cazorla.

— No veas con el moro der Málaga, que no pone un duro.

Misma cola, años distintos. Qué rico es el castellano.