El poder del cómo frente al qué

Quizás había un cierto vaticinio en lo que ya escribía hace unos años la periodista Milagros Pérez Oliva. En un artículo en El País como defensora del lector, escribió:


“El periodismo de fuentes necesita repensar su función y garantizar el cumplimiento de las normas éticas del periodismo”.

Milagros Pérez Oliva

Es seis años después de la publicación del artículo cuando contemplo que el periodismo de fuentes no ha repensado absolutamente nada. Y no es que no haya repensado sobre su función, sino que ha consolidado una función inútil para el lector, pero tremendamente útil para la audiencia: la reproducción. Porque gran parte del periodismo de fuentes, es decir, el periodismo de cubreruedas al que se refiere la periodista, se reduce a la mera reproducción de lo que la fuente expone, obviando, entonces, la labor más importante del periodismo: la verificación. Sin embargo, el elemento tecnológico y su inmediatez ha anidado en las mentes de los directores, que, a menudo, sólo desean la alimentación continua de la web. Cantidad, en relevo de la calidad. Ni qué decir del uso de los tweet como fuente de información. Que Trump diga algo está muy bien. Pero la noticia no es lo dicho, sino la repercusión de lo dicho en la sociedad. De no ser así, no es noticia.

Eso que Pérez Oliva reflexionada sobre garantizar los códigos éticos pocas veces se da en el periodismo de fuentes. Incluso muchos titulares son entrecomillados del protagonista, es decir, el hecho noticioso ha pasado de ser el hecho al sujeto. Por ello, en la universidad, se debe hacer hincapié más en el cómo usar las fuentes que en qué tipos de fuentes hay. Resuena aquí el legendario debate: más práctica y menos teoría. Apunte que cobra sentido en mi argumento: más verificación, característica intrínseca al periodismo, y menos reproducción. Y es que, de lo contrario, ¿se podría hablar de periodismo o más bien de publicidad? ¿Dónde queda el ánimo fiscalizador del profesional de la información? Es aquí donde, bajo mi punto de vista, se encuentra otro obstáculo (que se suma al de la tecnología): la ausencia de periodistas especialistas en plantilla. De nada sirve, y es un síntoma común en los diarios locales, que envíes a un periodista a una baraja de de temas y dejes en el banquillo al especialista en cuestión. El generalista reproducirá, porque no le queda más remedio por su básico conocimiento en la materia; el especialista, analizará, contextualizará, investigará y conocerá el cómo usar esa fuente para levantar exclusivas. En cualquier caso, y como también afirmaba Pérez Oliva en el citado artículo, de nada sirve fomentar la publicación de códigos deontológicos si su recorrido es tan limitado como la impunidad de quienes se lo saltan a la tolera. La imparcialidad no sé si se puede conseguir, pero la profesionalidad, sí. Trabajemos ese camino.