La tosesilla

El “me voy en busca de sol y playa” se ha convertido en mi “me bajo al bar”. Una fórmula acertada si no hubiese olas. Que no apetece más que meterse entre las sábanas. Qué desastre esto de que en Málaga se baje de los veinte grados. Ya sé que para muchos malagueños es un alivio. Supone salir del armario. Sus pañuelos estampados, digo. Porque lucir forma parte de la representación. Aquí luce el sol y lucen los modelitos. De ropa y de sujetos, digo. Algo de exposición tiene que tener la colección otoño-invierno. Que para mí sigue siendo igual que la de primavera-verano. Pero sin calcetines de lana. No es que yo crea en el entretiempo, que son los padres, sino porque durante todo el año luzco pañuelos estampados. En la cara, digo. De los de usar y tirar. Que una cosa es que me guste empalmar -en casa me llamaban el pelacables- y otra es que me haga gracia que mi resfriado empalme con la alergia. Y no por más que meriende mandarinas se va antes la tosesilla. Menos mal que ahora para el pos- han inventado los móviles. No me quiero imaginar mi tos si estuviese enganchado al tabaco. Tengan claro que hay vicios mejores. Mejores que comer mandarinas, también. Os aconsejo que os lo comáis todo. Que también tendrá sus beneficios terapéuticos. ¿No véis salud al día? Es que en mi casa siempre han sido muy de Canal Sur, y yo siempre, de buen comer. Así que mi madre ha estado siempre contenta conmigo. Desde que era un niño zampapotajes, que de bollos no he sido mucho. A mi el potaje me encanta. Mi tía me regaló por Reyes dos tuppers. Regalazo. Lo que no le hace mucha gracia a mi madre es que no vaya a visitar al médico. Yo no sé esa tosesilla, me dice con acento cuasicordobés. Y es que llevo resfriado desde el año pasado -jeje- y mi tosesilla residual se ha convertido en crónica. Son 16 días ininterrumpidos en el que me despierto con heavy metal. Un género algo incómodo para disfrutar los cinco minutitos más. Imagino que poco ayudará salir con la bici a un grado. Por eso, y por el daño en los cables. Que dicen que a la larga son duros de pelar. Así que con esas desisto y decido irme en busca de sol y playa. Pero ahora resulta que hay olas. De las de frío. Que en Málaga la brisa marina es que cala en los huesos. Y mira que últimamente me encanta lo marino. Menos el azul. Que soy más de rojo. Aunque en el mar, más que bandera roja, bandera blanca. De las de usar y tirar. Así que nada, me vuelvo al bar. Libre de humos y olas. Hola, quisiera algo calentito. Ay, la tosesilla.