Sobre catetadas y catetismos

La primera vez que me iniciaron en esto de los conceptos -en los interesados, digo- fue en tercero de la ESO. Mi profesora, que más bien era la orientadora, al saber que yo estaba interesado en estudiar periodismo, me dijo una frase que nunca olvidaré: “El lenguaje crea pensamiento”. Y no sólo pretendo no olvidarla, si no que pretendo ejercer ese poder de la forma más responsable y ética que sea posible. Porque de ese poder, o mejor dicho del mal uso de ese poder, surgen los principales problemas de disonancia cognitiva que padece el mundo del siglo XXI. Conceptos, como bien dice el profesor Chaparro, “trasvestidos” a lo largo de la historia en función de los intereses de los autodenomiandos mayores, que son menos, para dominar a los dicto-denominados menores, que son más. Un ejemplo paradigmático es el concepto “cateto”. No me queda a mi claro si a una cultura agroalimentaria ancestral que ha evolucionado a lo largo de cientos de años haciendo crecer fruto de la tierra se le puede llamar “cateto” en comparación a las nuevas generaciones que creen que el pollo ya nace envasado en la nevera del supermercado. Y aquí tiene cabida otro sinsentido: los valores no son universalizables. Si bien se ha empeñado la esfera política en universalizar las medidas, se han olvidado por completo de la existencia de numerosas variables que modifican un escenario respecto a otro. Quizás tenga más que decir el cateto sin corbata sobre una medida que el propio ministro de agricultura con corbata que quizás no haya salido de los libros de Derecho Constitucional. De ahí, la necesidad social de adoptar nuevas narrativas que doten el significado real de las cosas. E inevitablemente, no se puede entender este dominio del pensamiento capitalista sin la influencia del racionalismo. Todo cobra sentido, y sobre todo en una sociedad tan acostumbrada a la inmediatez como la actual, cuando el producto que se pretende vender es tangible. Quizás sea ese el verdadero efecto llamada y no los servicios sociales. Otra responsabilidad no depurada. Porque si la felicidad es el objetivo, ahora su consecución pasa por conseguir el objeto. El elemento material. Y es a partir de aquí cuando el cateto que conoce como labrar la tierra pasa a ser un empobrecido tangible a pesar de ser un enriquecido intangible. Tratar a esta riqueza intangible con tal desperdicio, y tanto que le gusta hablar a estas corrientes del futuro, podría ser una catástrofe en los próximos años. Algunos matices suicidas tiene el exterminio de ese pensamiento -basado en el supremacismo irracional-, con toda la pérdida de conocimiento que ello implica. Pero, mientras tanto, estos conceptos desarrollistas impuestos, seguirán construyendo camuflajes que les permitirán seguir defendiendo intereses capitalistas: desarrollo sostenible, desarrollo humano, etc. Y es que, como bien he comenzado esta reflexión, el lenguaje crea pensamiento. Por lo que no debemos olvidar la responsabilidad que los medios de información han tenido en esta travesía en una barcaza que ahora navega sin brújula. A este márquetin mediático lo llamaría “macroperiodismo”. Una información trazada de lo global hacia la global que se olvida de lo local. Lo llano. Lo que realmente afecta. De tu prima real y no de la de riesgo. De ahí la necesidad de lo que llamaría “microperiodismo”, como en el caso de Pastapur como ejemplo de la importancia de la comunicación -en términos de conversación horizontal- en los procesos de apropiación endógena. Porque la función más importante del periodismo es la función pedagógica. La de educar. Educar desde contextos reales. Alejar la lupa para ver más allá de los indicadores macroeconómicos engañosos del FMI. Que no pase otra Cuba, fue la premisa. Me da la impresión de que me puedo saber la historia cuando el Tío Sam aterrice en el Malecón: “El PIB de Cuba crece un 4,5%”. ¿Se habrán repartido los beneficios de esa fábrica, ese McDonalds y ese recién construido hotel? ¿Su actividad ha dañado algún ecosistema autóctono? Preguntas que a menudo no encuentran respuesta en los medios de información.