Cortita y al pie, pero ni con esas

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Manifestantes de ultraderecha en la puerta de la sede del Partido Popular en Madrid. (Andrei Stefan Balog)

Que Iker Casillas fuese pitado en el Santiago Bernabéu es un claro reflejo de las dos Españas. Una, con un fuerte carácter criticador, que no crítico, y otra, con la perspectiva fuertemente nublada por los sentimientos. Y ninguna de las dos Españas vive sin la otra. Una, responsable como consumidora de productos periodísticos fuertemente polarizados y otra, como productora de la droga. Porque la espectacularización y polarización, eso que están haciendo algunos medios de nuestro país, está creando dependencia en los adormecidos que no buscan otra programación. Porque las hay. Un público, responsable, de la crisis de los medios, que no tiene capacidad crítica para buscar la información o leer hasta la última línea. Con el veneno del titular tiene para criticar sin la necesidad de usar la razón. Todo, porque les gusta seguir durmiendo.

No exentos de esta responsabilidad están los minoritarios medios de comunicación que faenan con su particular cargamento de droga. Porque la dependencia vende y sus ingredientes les salen baratos: polarización y sentimientos. Para despedir este Día de Todos Los Santos es un buen momento para guardar un minuto de silencio por la razón. La misma que nos permitiría ser más tolerantes, empáticos, inteligentes y libres. Para ello, no es necesario invocar la objetividad del periodismo, sino más bien ahondar en las cuestiones de forma extendida, pero fácil de entender. Una explicación consensuada de los hechos, porque, a diferencia de lo que se dice, no suele haber muchos. Aunque encontrar el consenso periodístico y ahondar de forma exquisita las cuestiones quizás no reduciría las críticas hacia el gremio. Al fin y al cabo en los partidos de la selección también se escuchan silbidos. Las dos Españas.