UN REFLEJO EN 90 MINUTOS

Un adolescente y un ciego se sientan a la sombra de un árbol. Newton aún no ha vivido el otoño. Pero Londres queda aún demasiado lejos para las cuatro horas que serán cinco siglos después. De momento, no caerán manzanas. Sí uvas. De una en una. O de dos en dos, según el rugir del vientre de los sujetos. Y con la serie de tres en tres se acaba el racimo: turno para las acusaciones. En al campo de batalla falta un sentido: la vista. Pero sobra otro, la astucia: “¿Sabes en qué veo que las comiste de tres en tres? En que comía yo de dos en dos y tu callabas”. El Lazarillo de Tormes. Sin autor, ¡cómo iba a ser de otra forma! La picaresca española.

Toda una supervivencia. Quinientos años de literatura anónima y un sólo espejo: la personalidad española. Joven y sin dinero… a intentar no pasar hambre. Sobrevivir en la selva con el mínimo esfuerzo. Ser zorro en la ciudad. Clérigos egoístas, vagos hidalgos y un arcipreste corrupto. ¿Cuánto puede durar intacto un espejo? Sin duda, quien lo escribió describió o imaginó. El reflejo de la España del siglo XVI o  la primera entrega de Regreso al Futuro. Y, claro, todo ello sin firmar. “Vaya a ser que me multen”, pensaría. Nunca se sabe. Ni seudónimo. Eso sí que es amor al arte.

El arte del último momento. El culto al descuento. Se puede hacer hoy, pero mañana mejor, ¿no? El sprint final a los 100 metros, nada de escapadas tempranas. Tranquilidad. Y claro, luego pasa lo que le pasó al ciclista británico Froome en la prueba francesa del Tour. Te paras a mear y tu equipo te abandona. La lías. Ni que la literatura española estuviese de moda. Pero no es de dudar que sí ha calado entre sus patriotas. Eso del descansito y la ley del mínimo esfuerzo aparecen en los primeros artículos de la Constitución del Descuento. Y luego: la risita. Que no falte el mandamiento del humor. Pero… tanto fue el cántaro a la fuente…

Lo mismo pretenden los aficionados del Barça. Mantienen la esperanza de que su rival en la escapada pinche rueda –las dos, si no de nada sirve- ante el equipo del jeque –el moro, según si se deja la billetera en el coche o no-. Sol y espetos: la esperanza es nula. Pero ahí queda. Treintaiocho jornadas tiene la competición. Y claro, qué poco trabajo tendrían los periodistas. El titular sería fácil: “El Málaga CF le quita la liga a Zidane”. ¿Le quita? ¿En el deporte no había que ganar? La disciplina y el espejo español. La lamentación y el duelo.

Así que mejor que los del sur nos hagan el trabajo, piensan. Ilusos norteños, por su parte, que nunca han confiado en nuestro horario laboral. De hecho, hasta ahora no han reconocido que existía. Hasta quieren colectivizar el trabajo: tu ganas y yo también. De tres en tres. Incluso con hipotéticos nuevos personajes: el árbitro corrupto. La picaresca ya la pondrán los veteranos: del boquete de la jarra al rabillo del ojo. Y de ciego el aficionado: ¿nadie se ha planteado que de los veintidós once son del otro equipo? Quizá no han llegado a los vestuarios la literatura y el espíritu deportivo sigue vigente… Las uvas se le atragantarían a más de uno. ¿Eibar y Málaga rompiendo el espejo? Bueno…

Y con factor añadido: los maletines. La eterna incógnita de variable fácil que siempre acompañará al fútbol. Pero pase lo que pase quedará resaca. Al menos, de una semana. Llegó de Inglaterra también y envejece.  Ay football con la edad todo se sabe… ¡Con lo bien que le sentaba el vino al lazarillo! Treintaiocho para no haberle dejado la responsabilidad al equipo que entrena un ex del epicentro. Con amigos y enemigos en ambos flancos. Son profesionales, advierten. Pero también muchos son españoles. Refleja. Nos encomendaremos a la literatura. Claro, mejor anónima: Lázaro, levántate y, permítanme que la reescriba, corre.