LA HISTORIA NO TIENE SÓLO DOS ARISTAS: INFORMAR EN PALESTINA

Fotografía de Javier Díaz Muriana.

Cuando Zeus despierta la lluvia en Palestina, la ciudad comienza su pesadilla. Los niños recorren la franja en barcaza, aunque la adversidad temporal no haya superado los pocos litros por metro cuadrado. El color del agua, lejos de ser transparente, se funde con la madera del bote. La infraestructura subterránea está obsoleta. Los materiales de construcción dejaron de entrar en el país en 2013 fruto del bloqueo israelí. El ejército vecino destruyó los más de cien túneles por los que circulaban los suministros. La causa: la doble utilización del material, la comercialización de armas y la economía sumergida. La consecuencia: el alcantarillado y las tuberías no soportan agua y revientan. El agua residual inunda las calles de Palestina.

Nasser tenía nueve meses cuando lo obligaron a morir. Junto con su hermano Rahaf, de dos y Yusra, el mayor con cuatro. Descansaban en una habitación de 12 de metros cuadraros junto a una vela. Dos cohetes israelíes habían destruido la central eléctrica y el suministro de luz está reducido a tan sólo tres horas diarias. Isabel Pérez recuerda la historia que contó para El Mundo. Ayer, 25 de febrero, estuvo en Málaga y ofreció un taller sobre cómo informar desde Palestina. Las asistentes al Rectorado de la Universidad de Málaga la miran atenta, hay alumnas y alumnos de periodismo. Es la única periodista extranjera en Palestina. Española. Y mujer. Mussa’ab Bashir la acompaña, la “enciclopedia histórica” de Isabel. Es corresponsal de Hispan TV en Gaza. Y palestino.

La madre de Nasser nunca podrá ir al dentista para sanar su problema de caries. Ni su vecina. Ni hermana. El gobierno israelí también ha bloqueado la libre comercialización de empastes. El mercurio podría usarse para construir armamento. La excusa perfecta para desconectar más aún Hamas del mundo. Al presidente palestino se le acusa del bloqueo, pero desde 1947 el estado prometido a los sionistas por Inglaterra es recompensado con más calamidad. Desde entonces, afirma Mussa’ab Bashir, la sociedad se debe a una estructura vertical, conformada a partir de cada estatus social, y horizontal, conformada desde la perspectiva de la religión.

Un reparto poco equilibrado con el que se forjaron las dos perspectivas actuales. Israel y Palestina. Dos formas de ver el Naqba: el festejo por el nacimiento de Israel y el comienzo de la sumisión palestina. Un desenlace a una conquista eterna que comienza con los Neandertales, fenicios, griegos, romanos… hasta aterrizar en el Siglo XXI: “No hay nada puro, somos una mezcla en todo el mundo”, afirmó el periodista palestino. Un territorio amado por todos los pueblos cuyo primer nombre se le acuñó 500 años antes del nacimiento de Cristo. El dramaturgo Esquilo la denominó Philistin.

Los intentos de reconciliación entre ambos pueblos no han cesado. Pero siempre fracasaron. Las intifadas se han sucedido y en las rebeliones los civiles siguen despidiéndose  de la vida. A Isabel Pérez se le complica la tarea periodística. La vida política es un caos y las fuentes no están bien definidas. La OLP (Organización por la Liberación de Palestina) representa a todo palestino fuera o dentro del territorio, pero la inestabilidad política la sitúa en el limbo. Son cerca de 5 millones de habitantes entre Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza, pero el pueblo palestino tiene importantes asentamientos en países asiáticos, latinoamericanos y norteamericanos.

El Consejo Nacional actúa como el parlamento palestino, como un ejecutivo con ministros, pero la gran representación política y las divisiones hacen que las personalidades y los cargos sean dobles o triples. La solución: huir del dualismo. Isabel no se basta con dos fuentes, dos puntos de vista, de un enfrentamiento. Apuesta por un número mayor de opiniones y elabora sus piezas informativas a partir de un punto común entre las partes. Periodismo de paz.“Hay que hacer una escucha activa con las víctimas”, concluyó Isabel al exponer cómo abordar una entrevista con una víctima.

60 años y un estado unificado. Una pregunta del público revela la esperanza de Mussa’ab. A largo plazo. Mientras tanto, la vida de la periodista española, a menudo, corre peligro. La suya y la de su familia. “Hay que seguir aunque te persigan”, se convence mientras explica como juega a Indiana Jons para hurgar en la verdad. Una verdad que existe gracias al contexto histórico. En las historias. El contexto lo es todo. Por ello, en las cuatro horas en las que Isabel Pérez y Mussa’ab Bashir han desertado sobre Palestina siempre han utilizado el género femenino para referirse a las y los asistentes. Es la única periodista extranjera en Palestina. Española. Y mujer.