LA RUTINA DEL “CLÍN”

Érase un móvil a una persona pegado. Un chapoteo constante convertido en el “clín” de una nueva notificación. ¿Será un WhatsApp? ¿Será una mención en Twitter? ¿O un me gusta en Instagram? O quizás… ¿una notificación de algún periódico? Eso es menos probable… El caso es que esa marea sube cada vez que bajo al metro. O al bar. ¡Ay, el bar! Ese sitio entrañable en el que antes se hablaba. Se hablaba y se debatía; se conectaba. Pero ahora la sociedad también se conecta y se conecta, y se vuelva a conectar. Pero no debate.

La burbuja inmobiliaria ha sido durante mucho tiempo trending topic (perdón, se me pega), pero ¿qué pasa con la burbuja tecnológica? Volvamos al metro: allí te recibe un tonel giratorio por el que debes pasar tu tarjeta, ¡vaya… aún de cartón!, para poder entrar al edén de los móviles. Allí hay de todo tipo: blancos, negros, rojos, rosas, y con una gran variedad de carcasas y adornos que incluso también van a la moda, ahora tocan los de Navidad; está el chico del skate que no deja de buscar música en su biblioteca, virtual (no os confundáis), la mujer mayor a la que le acaban de regalar un esmarfon de esos” y  está configurando el fondo de pantalla con una foto de su nieto, y, como no, la chica que te gusta, la que llevaba las gafas rojas cuando la vi subirse al tren, pero que ahora no es más que un manto moreno pegado, como diría mi profesor de matemáticas de segundo de ESO, a la cajita tonta. A ella misma, te la vuelves a encontrar en el bar; a ella y al amigo que ha quedado contigo para tomarse una caña que al cabo de diez segundos está internet: “espera, espera, en un momento estoy contigo”, dice mientras teclea enfurecido contra la pantalla de su móvil; “¡cuidado, está en rojo!”, tuve que gritarle cuando volvíamos a casa.

La sociedad ha sido apartada de lo social, su rutina se centra en el móvil, en lo que cuenta barbijaputa en twitter, en lo que comparte Jorge Cremades en Facebook o en el núcleo irradiador de Íñigo Errejón. Incluso grandes de la literatura se han unido al espectáculo: no hay día en el que Pérez Reverte deje su particular pullita en las redes sociales, o periodistas como Ignacio Escolar, que también ha descubierto dónde está su nuevo público. Una burbuja en la que entramos con el primer parpadeo del día y que no abandonamos hasta que Morfeo aporrea la puerta del mismo párpado. “Clín”, el primer correo de la mañana, “clín”, el último WhatsApp del día”. Y así, mientras la Tierra sigue girando alrededor del Sol, mientras la chica del metro pierde su oportunidad y Pérez Reverte se evade de la realidad. Ni en el bar ya debate Fernando Savater, borracho en una barra donostiarra. Me lo contó mi prima, al parecer sus “clín” habían sido diferentes, pero lo que es seguro es que, amigo lector, estás leyendo estas líneas a través de un móvil: mira a tu alrededor ¿eres feliz en tu rutina tecnológica?