ELECTION DAY

En una cabina, se ordenan cuidadosamente las papeletas con el candidato a elegir. En este caso: Donald Trump o Hillary Clinton. Luego, la metes en un sobre. Continúas y depositas tu voto en una urna transparente. Son las elecciones americanas. O al menos, así se hace en España. Hoy, martes ocho de noviembre, los norteamericanos votan el futuro del país y, quizás, el futuro de todo el mundo. Los republicanos y demócratas se ven las caras por cuadragésima quinta vez en la conquista de la Casa Blanca.

Las encuestas rara vez aciertan. O, al menos, así se hace en España. De momento, al parecer, la demócrata Clinton va en cabeza y EEUU presencia un hito en su historia; de ser así, se convertiría en la primera mujer en presidir Estados Unidos. Al otro extremo del ring: Donald Trump. Con un año más que la esposa del expresidente Bill, setenta, se presenta sin experiencia alguna en el área política. De corte abrupta, xenófoba y racista, pero con un increíble olfato para atraer a sus votantes, ha conseguido hacerse un hueco en el podio en este sprint final hacia la presidencia.

Trump va sólo. Bueno, no sin su peluquero. Pero, por lo demás: sólo. El candidato republicano es como Juan Palomo. Él se lo guisa y él se lo come. No necesita publicidad. El magnate de origen alemán es capaz de hipnotizar a los medios de comunicación americanos que sigue la estela de su recorrido. Cómplices, han creado a un personaje. Todos le pintan de diabólico. Lo es. Pero todos le quieren en prime time. Es una máquina hecha de dinero, que hace dinero.

Son dos candidatos antagónicos. Hasta ahora, republicanos y demócratas han convivido en un panorama continuista, pero, ahora, Trump pretende romper la cotidianeidad. Es el americanismo más radical: “vamos a levantar una frontera y la va a pagar México”. Ha roto todas las reglas de lo políticamente correcto. Ha amenazado a Hillary con meterla en la cárcel. Ha prometido expulsar a todos los inmigrantes ilegales. Se ha postulado a favor de la tortura. Y, por supuesto, impugnará las elecciones si esta noche pierde.

Para algunos, forma parte del populismo que emerge en su homología europea. Pero lo que es cierto es que la xenofobia y la inercia militar siempre han estado latentes en el nuevo continente. El moderno país de la CocaCola y las Nikes en el que llevar pistola es legal y el racismo no lo ha curado ni un presidente negro, ahora le da miedo un tal Donald Trump. Estados Unidos ha sido el propio germen en la cabellera de Donald. Han reído sus idioteces en televisión y han laureado su nombre cada vez que vulneraba los derechos humanos.

Pero de momento, Hillary Clinton le arrebataría el trono. Entonces, esta noche no pasará la historia. O quizás sí: las encuestas rara vez aciertan. O, al menos, así se hace en España.