BOKO HARAM: REDUCIDOS A CENIZAS

La lengua de Pepe lubrica el papel que siete minutos después no será más que ceniza. “¡Ton… ton…!” Las campanas de la Catedral de Málaga repican las nueve de la noche. Su campanario, testigo del humo que se transforma. Que no se destruye. Entorno a él, tres jóvenes. Podrían llevar sandalias y vestir un Himation. Pero no. No están en el Liceo. “El truco está en acechar la historia”. Se apellida Naranjo y es corresponsal en África Continental por El País.

Pepe no es fotogénico. Su barba no conoce la geometría -nada que ver con las rectilíneas fronteras africanas que bien conoce-. Tras ella, sus labios se esconden. Que hablen ellos: “yo soy poco de cifras y mucho de personas”. Su azotea reclama un nuevo alicatado. Sus gafas, la telaraña donde el elefante se balancea: frágiles, pero productivas. Son redondas. Como las ventanas que iluminan la sala de exposiciones de la “Sociedad Económica Amigos del País” situada en la primera planta.

Una hora y cincuenta minutos antes, los tres jóvenes subían los 22 escalones hacia la sala. Les quedan tres. Pepe se cruza: parece más viejo en la foto. Lleva un cigarro. Baja. Otros siete minutos. La delegada de Médicos Sin Fronteras en Málaga, Carmen Escalante, por fin presenta la charla sobre la violencia de Boko Haram en el Chad. Naranjo mueve una y otra vez las piernas. Nada que ver con su apariencia superior. Pepe mira al cielo. Cruza las manos. Suspira. Reposa en su asiento.

Viene a hablar de Fatunaba Mohammed. De Bubakar. De Hatulai, de Aisha Mohammed, de Ibrahim Halama, de Mustapha… Y de Hadu Adyib. “Que hablen las personas”. Allí, todos quieren ser maestros, médicos o periodistas. Allí, sólo hay maestros, médicos o periodistas; y guerra. Fatunaba muestra el país que esconde entre las fronteras de sus labios. Quiere ser maestra y seguir los pasos de Habiba, la que ahora la educa. Un desafío a Boko Haram: “la educación occidental es pecado”. Bubakar sueña con ser médico, mientras que Mustapha imita el Gernika que nunca debió existir. Su creación: pateras, nuestros, disparos y sangre.

Ibrahim Halama tuvo que enfrentarse al Chad. Sólo. A nado. Tiene doce años y ahora vive en un campo de refugiados donde el tendedero no tiene cuerdas y las casas no tienen ladrillos. La hija de Hatulai nació refugiada. Un domingo: se llama Sunday. Hatulai tiene veinticinco años y huye de la muerte, del secuestro, de la esclavitud sexual, del matrimonio forzoso… La suerte que no corrió Aisha Mohammed que con dieciséis años se convirtió en madre y huérfana.

La población local son las principales víctimas de Boko Haram. La población local son las principales víctimas del Estado: Nigeria, Níger y Chad. Su germen: la pobreza. “La solución no es exclusivamente militar, sino que responde a un fuerte inversión en educación, sanidad y bienestar social por parte del Estado”. Pepe termina más tranquilo, sabe que va a fumar.

Baja los veintidós. Allí están los tres jóvenes esperándolo. La primera ceniza cae al pavimento de la Plaza de la Constitución. Papel y tabaco. Ejército estatal y Boko Haram. Una frontera en la que se ejerce de funambulista entre la vida y la muerte. “Cuando dos elefantes se enfrentan es la hierba la que sufre”.