EL TEATRO ‘TRUMP’

Rojo: prohibido el paso. 49 segundos: vuelta a empezar. En Málaga, el tráfico transcurre con dificultad: la línea once de la EMT aterriza en la Alameda y en ella, cinco jóvenes de la Universidad de Málaga. Veintidós minutos de trayecto desde el campus de Teatinos y el centro de la capital. De nuevo rojo. Verde: cruzamos. Y nos cruzamos: es un joven negro, se podría llamar Pedro, Antonio, Abid o Yuma y lleva una bicicleta roja Orbea que rueda a su izquierda. Verde: siguen. En Calle Nueva, los guiris pasean enemistados con las manecillas del reloj; una joven latinoamericana lo hace sonriente nublada por su auricular, y dos artistas callejeros entonan, con su violín y violonchelo, la banda sonora de la obra italiana La Vida es Bella.

Es el escenario perfecto de un viernes noche. Pero no es más que eso: un decorado multicultural en la mirilla de un Kalashnikov. En Calle Compañía el telón de una obra mundial está a punto de alzarse. El mundo va quedar al descubierto. Allí, en el “pozo” del señor que vende las “mejores almendras”, el paseo de los cinco estudiantes termina. Dos señoras asombradas ante la multitud se sumergen entre los jóvenes. Preguntan. Naomi contesta.
– ¿Qué hay hoy en el Thyssen, joven?

–  Una presentación de un libro sobre Donald Trump.

Trump, el León del Circo. Eso es. Más que un teatro, es un auténtico circo y el periodista Francisco Reyero ha estado en el backstage estadounidense durante cuatro meses. Todo es moderno allí. El país de los casinos en los que nunca cae la noche, el país del presidente negro y el país de la Coca Cola y las Nike. Todo, menos el discurso del que podría ser el nuevo presidente de EEUU: “crear una valla fronteriza y que la pague México”. Rojo: prohibido el paso. Así es el republicano Donald Trump.

Donald Trump no lleva capa. Tampoco viste de payaso. Ni mucho menos doma leones. Su única carpa: la televisión. Reyero lo tiene claro: “la prensa tiene mucho que ver, lo ha permitido”. Paco viste enfundado en una camisa negra, a buen contraste con la impoluta pared blanca de la sala. La diferencia está asegurada. Nada que ver con el infotainmentamericano en el que la información y el espectáculo se diluyen en un mismo escenario: el  circo.

A la derecha del protagonista, José Luis Salas atiende un poco inclinado hacia la mesa. Y mira al que podría ser uno de sus ídolos con ojos que sólo un enamorado podría entonar.  “Yo no puedo ser imparcial”. “¿Es su pelo real?” Pregunta con ironía. Y es que su pelo podría ser de madera y crecer en cada discurso. La mentira personalizada. Trump no necesita publicidad. Sus declaraciones son su Beretta particular. La misma que quiere legalizar en todo el país. Solo tiene que apuntar y disparar, y al día siguiente, lleno absoluto. Aforo completo en el circo.

“Su actitud ha sobrepasado toda frontera”, incluso la suya misma: descendiente de alemanes. Pretender homogeneizar en un mundo tan complejo es ir en contra de la naturaleza; verde: permiso al paso. Los artistas callejeros siguen tocando y los guiris relevan sus tarjetas de memoria en sus cámaras. Son extranjeros. Y Paco los defiende: “estoy dispuesto a salvar el mundo con tal de no vender un libro”.